jueves, 4 de abril de 2013

Lenguaje Visual...paso a paso

El otro día hablábamos en clase del Lenguaje Visual, es decir, el código específico de la comunicación visual. Si bien es cierto que, últimamente, algunos conceptos me suenan a chino, poco a poco voy adentrándome en otro código específico, el del arte (no sin esfuerzo, he de decir). Separémoslo de historia del arte, de ese algo sé y me encanta conocer un poco más cada día, pero nada que ver con los sustantivos que utiliza el arte en la actualidad. Tal vez demasiado abstractos o posiblemente demasiado desconocidos a estas alturas de la vida, pero a veces los discursos se tornan incomprensibles y hay que volver a repasar cada término para poder entender (o al menos intentarlo) el siguiente.

Sobra decir que vivimos rodeados de imágenes, incluso atormentados por ellas. En cada esquina, a cada paso, en cada parada de autobús hay una imagen, en estos casos y centrándonos un poco, una fotografía que grita y busca que la mires, aunque sea de reojo, porque tiene tanto poder que sabe (ella y el que está detrás, la cabeza creadora y pensante)que algún efecto tendrá. La publicidad se nutre de estos efectos, y si recapacitamos un poco...asusta. Son imágenes en las que todo está pensado al dedillo, nada se escapa, no hay ningún hilo suelto.
Todas estás imágenes pasan unos filtros. En primer lugar, el del autor/emisor, que interpreta y representa la realidad y muestra al mundo su reinterpretación, y en segundo lugar la del receptor, que la interpreta como buenamente puede, en función de sus ideas, experiencias y perspectivas. 
He aquí donde a mi se me plantea una pequeña duda existencial ¿los receptores estamos obligados a conocer el código propio de cada emisor para poder entender lo que nos quiere decir o nos la "jugamos" cada vez que vemos una imagen? ¿puesto que muchas de las imágenes son polisémicas, es decir, tienen múltiples significados, debemos pararnos ante cada imagen, darle vueltas y seleccionar lo que nos convenga o creamos apropiado?
Si esto es así, no viviríamos más que para analizar lo que nos meten por los ojos. Para esto está el Lenguaje Visual, que según he entendido, es como un conjunto de "reglas" que vistas una y otra vez (aprendiendo por experiencia, creo yo) nos ayudan a comprender, generalizando un poco, lo que nos quieren decir con esas reinterpretaciones de la realidad.
Entre una de esas reglas o códigos, se encuentra el palabrejo "PUNCTUM", definido por Roland Barthes como, y en relación a la fotografía como decíamos antes, "es ese azar que en ella me pespunta. Surge de la escena como una flecha que viene a clavarse. Puede llenar toda la foto (...) aunque muy a menudo sólo es un detalle que deviene algo proustiano: es algo íntimo y a menudo innombrable".  ¡Arrea con Barthes!, pensarán algunos (y con razón). Simplifiquemos la definición, no vayamos a perdernos. Se trata de "ese" elemento de la imagen que provoca un salto del sentido denotativo (un significado básico, ausente de dobles sentidos) a uno connotativo (es decir, a un carácter simbólico, dándole un significado añadido). Me ayudaré de Chema Madoz de nuevo para poner un ejemplo.



Al ver esta fotografía, nuestros ojos van directamente al triángulo oscuro situado en la parte inferior de la imagen. Mientras que mi abuela se haría la señal de la cruz reprobando la mente calenturienta del autor, servidora abriría los ojos de par en par y diría, ¡qué arte tiene este Chema! Diferentes efectos en una misma imagen. He ahí el punctum, señores ;)


Y para finalizar esta entrada, sólo diré que espero que, con el transcurso de este cuatrimestre, no me entre pánico a ver imágenes, sino que aprenda a observarlas con criterio, a entender que me quieren vender y a pensar si lo quiero comprar. 

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