viernes, 8 de marzo de 2013

APRENDIZAJE POR PROYECTOS


APRENDIZAJE POR PROYECTOS



“DÍGAME Y OLVIDO, MUÉSTREME Y RECUERDO. INVOLÚCREME Y COMPRENDO”
Proverbio Chino.



Sin duda uno de los objetivos principales de los que debería ocuparse la educación formal es proveer a los alumnos de aprendizajes significativos. Aprendizajes para la vida que, ofrecidos en el aula (o en otros contextos relacionados) puedan salirse ella y servir para formar personas válidas y autosuficientes. Su cumplimiento se plantea complicado cuando los métodos no lo favorecen. Con una estructura de asignaturas estancas y aisladas en las que los conceptos no se interrelacionan, de poco servirá el interés de los docentes porque los niños aprendan de veras y no se limiten a memorizar para conseguir un número mayor del cinco.

Es difícil encontrar argumentos que digan que el Aprendizaje por Proyectos es una estrategia que no cumple ese ansiado objetivo. En los últimos tiempos por fin ha tomado la consideración que merece el Niño en el proceso de enseñanza-aprendizaje, y nos hemos dado cuenta de la importancia capital de su participación en el mismo. No sólo eso, se ha comprobado que los niños tienen necesidades, orígenes, estilos y características diferentes, por lo que es ineludible ampliar el abanico de metodologías para satisfacer sus demandas. El Método de Proyectos permite abarcar  y atender a esa diversidad, así como adentrarnos en un terreno anejo a lo meramente académico y que parece, poco a poco, asentarse en las actuales competencias básicas (trabajo en equipo, aprendizaje colaborativo, aumento de autoestima, adquisición de habilidades sociales y comunicativas...).

Mediante este método, se plantean desafíos centrados en los interes, vivencias, inquietudes y conocimientos previos de los alumnos. Teniendo esto como base, el proceso que implica la realización del proyecto favorecerá la curiosidad y autonomía que buscamos en un aprendizaje significativo que pueda ser aplicado al mundo real. ¡Ojo! Se acaba de decir algo importante...plantear un proyecto que no sea atractivo o que no se haya consensuado con ellos es, a mi juicio, un error que llevará al fracaso de la experiencia, a no ser que como docentes (y conociendo mucho al alumnado) seamos capaces de abrir tantas opciones como sea posible para que éstos participen y se sientan motivados.

Otro punto importante es el papel del docente en el proyecto. Saber situarse como guía democrático es crucial. Es necesario olvidarse de dirigir y dejar que los alumnos enfoquen el proyecto bajo unos objetivos claramente expuestos. Tampoco podemos olvidar  que no será trabajo fácil, puesto que implica un proceso de investigación de cada uno de los proyectos tan intenso como el que realicen los alumnos. Pero ahí está el compromiso y las ganas de hacer, la diferencia entre ser un mero transmisor de conocimientos o un estimulador de la curiosidad innata de los niños por conocer y aprender. Alguien que invite a la reflexión preguntando y no resolviendo las preguntas, que siempre, son muchas.


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