martes, 21 de mayo de 2013

El día de los Museos

El pasado día 18 de mayo se celebró, como cada año desde 1977, el Día Internacional de los Museos. Es uno de esos días en los que a una le encantaría ser madrileña o disponer de tiempo, al menos para ir con tranquilidad, y disfrutar del Reina Sofía o del Prado o del que sea de noche, que es el tiempo que más me gusta. Pero una es salmantina, y lo oferta cultura, aunque existente, no se puede comparar. Alejándome de esos pensamientos y acercándome al proyecto que esta asignatura nos trae entre manos, creo necesario reflexionar sobre la necesidad de acercar  los museos a los niños. Los argumentos son muchos y de toda índole, abarcando desde el punto desde vista educativo hasta el del simple disfrute (no tan simple, solamente es un frase casi hecha). Porque lo principal es que a los niños les gusta el arte, y les gustan los museos, siempre que seas capaz de adaptarlos. Por su condición innata, como niños, disfrutan con los nuevos hallazgos y aprendizajes, disfrutan descubriendo los misterios que esconden las obras, disfrutan acercándose a lo desconocido para ellos. Pero los adultos, tan atentos a nuestros pensamientos de mayores, a veces, nos olvidamos de ello. El problema es que los museos los hacen los adultos y en la mayoría de las ocasiones consideran que el campo de lo artístico es sólo para un reducido grupo de personas. Por suerte, en la actualidad, muchos museos han abierto sus puertas y sus mentes a otras posibilidades, siendo obviamente la más interesante la posibilidad de acercarse a los niños. Muestra de ello son los interesante programas que museos tan importantes como los nombrados anteriormente han creado para tal fin.


Volvamos a lo que nos atañe. Es necesario abrir las puertas de los museos a los niños porque en ellos se conserva la cultura, a la que tienen derecho a acceder. Conocer el acervo artístico significa conocer la cultura en la que hemos crecido y el origen de la misma, lo que posibilita dar significado al entorno en el que vivimos. Las manifestaciones artísticas que guardan son una clara representación de la historia de un pueblo, y no sólo eso, se pueden convertir en un vehículo para hacer llegar hechos pasados. Pongamos un ejemplo, explicar la invasión napoleónica a través de este cuadro,
Los Fusilamientos del tres de mayo. Francisco de Goya y  Lucientes. Museo del Prado. Madrid

se puede convertir en un atractivo  y una motivación para los niños. Dar un paseo por cualquier museo se puede planificar como un didáctico viaje al pasado, o incluso ¡al futuro!
También es necesario que los niños vean imágenes/esculturas/ instalaciones... que ayuden a educar sus ojos y su espíritu crítico. En un mundo gobernado por lo visual, el arte se impone como un ámbito difícil de comprender si no se trabaja en ello, pero asequible para utilizarlo como base para conocer.
Una educación artística (y fuera de las aulas, a ser posible, en otros ambientes) puede enseñar todo el simbolismo del que está plagado nuestro lenguaje, sus dobles juegos, su esencia.
Pero como decía al inicio, lo principal es que a los niños les gusta,  saben apreciar, desde una mirada inocente y liberada de prejuicios, el arte. Se mueren de la risa ante la cúbica mirada picassiana, pero una vez que entienden que lo que nos muestra son diferentes puntos de vista en un sólo plano, comienzan a mirar el mundo desde otra perspectiva. Se sonrojan ante los desnudos, pero cuando entienden que el David de Miguel Angel ha salido de un bloque de mármol, comprenden la complejidad de la escultura y valoran el trabajo del artista. Expresan libremente sus emociones y lo que les transmite un cuadro, y son muy críticos y claros con ello.
Por ello, por todo el componente educativo y placentero, los museos aún son un recurso casi sin explorar desde un punto de vista que agrade a los pequeños. 
Y para terminar un último planteamiento. Puesto que, en los últimos tiempos, la cultura se presenta como un bien de lujo al que sólo pueden acceder los bolsillos más llenos ( recordar la subida del IVA a un 21% para cines, teatros, museos...), ¿cuántas familias pueden permitirse pasar una tranquila mañana de domingo paseando por sus pasillos? 
Hay otras opciones, y las escuelas, son una de ellas.

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